martes, 7 de junio de 2016

¿Quién es?

¡Buenas días! ¿Como andan? Aquí llega la entrada de hoy. Les traigo otro relato extraído del mismísimo baúl de los recuerdos y quizá para la tarde o para mañana dejo la entrada del reto correspondiente. Vamos a ello sin más preámbulos.

¿Quién es?


«¿Quién es? No lo conozco pero me da la impresión de que sí. ¿Por qué me mira? Yo también lo observo y busco en su mirada... ¿Qué busco? No lo sé pero es atractivo. Veo como su cabello castaño le cae sobre el rostro, largo hasta los hombros, como unas Ray-Ban negras ocultan sus ojos pero sé que me mira. Puedo sentir sus ojos sobre mí y eso hace que me ruborice ligeramente.

¿Quién es? Es diferente y siento como si me buscase. Me atrae pero tengo que seguir mi camino. ¿Por qué lo sigo? No lo hago pero parece que nuestros pasos se encuentrasen. Sus ojos sobre mí. Esta vez se quitó las gafas y sus ojos verdes me atraviesan. El corazón se me desboca. Esos ojos, su fuerza aumentaba ahora que no estaban velados por los negros cristales. Siento que el ambiente que nos rodea deja de tener importancia. Mi compañía, el bar dejan de tenerla, ni siquiera el ansia por fumar que me consumía que la tiene. Me había perdido en esos ojos. Hasta que él rompe el contacto y siento que vuelvo a respirar. Me ruboricé por completo pero seguí estudiándolo, intentando comprender cómo pudo tener aquel efecto en mí.

¿Quién es? Continúa sentado con los que supongo que son sus amigos, hablando con ellos. Puedo sentir el murmullo grave de su voz. Ya lo había oído antes, la primera vez que nos vimos, cuando me pidio un cigarrillo. Y ahora, a pesar de todos los ruidos que nos rodean la distingo. El cabello continúa cayéndole como dos cortinas alrededor del rostro. Se mueve y abro los ojos sorprendida: tiene una cicatriz en la mejilla. Es profunda y vieja. ¿Cómo se la habrá hecho? No puedo evitar preocuparme y sentirme más y más atraída, como un imán a todos los secretos que lo rodean. Miro confundida a mi alrededor cuando alguien me toca el hombro. Me hablaban pero yo no los escuchaban, estaba perdida en ese desconocido. Con una sonrisa retomo la conversación, volviendo a centrar mi atención al mundo que conocía, no a una sola persona.

¿Quién es? Vuelvo a verlo semanas después. Nadaba en un enorme estanque, disfrutando bajo el calor que hacía. Tomo aire y buceo con los ojos cerrados, sintiendo la fría caricia del agua. Hay un repentino movimiento brusco a mi lado y lo esquivo como puedo, saliendo a la superficie sorprendida. Respiro y aparto el pelo mojado de mi rostro mientras contemplo la sombra que se yergue ante mí. El sol tras su cabeza no me deja ver su rostro. Una voz brusca, femenina y agresiva me recrimina mi torpeza pero como un ciego que ve por primera vez la luz, lo contemplo aturdida. Es él. En silencio, mirándome. Me siento confusa. ¿Por qué está tan abrigado? No lo entiendo. Viste gruesas ropas negras bajo el sol abrasador. Me siento estúpida con mi camiseta y mi bañador a su lado. Y muy confusa.


¿Quién es? Me disculpo buscando sus ojos, de nuevo ocultos tras las Ray-Bans negras pero conozco la intensidad de su mirada verde atravesándome y siento mi interior vibrar por una ansiedad contenida. Empiezo a temblar mientras dudo pero me acerco, intento llegar hasta él. Esa mujer, la misma de antes, tendrá mi misma edad. Me detiene de un golpe con manos como garras que me atraviesan y hace que permanezca sentada mientras ellos se alejan de mí.

¿Quién es? ¿Por qué todos huyen al verlo en el borde del estanque con los brazos extendidos? No comprendo la reacción, no entiendo como parecen temerlo cuando es... fascinante. Todos huyen, se alejan del agua pero yo sigo ahí, mirándolo confusa, hechizada. Gritos, alboroto. Él permanece imperturbable, con la cabeza ligeramente gacha. El cabello castaño, brillando de rojo y dorado al sol le cubre el rostro. Su mirada está oculta. Parece que el calor no le afecta. Incluso los que lo acompañaban están fuera del agua, se alejaron unos pasos de él. Alguien me arrastra. ¡No, no me alejes! Noto como la pasión me insta a ir a su lado. No me paré a ver quién me había sacado pero en cuanto mi piel toca la piedra del bordillo, una vez lejos del agua, él vuelve a moverse.

¿Quién es? ¿Por qué se produce todo este alboroto? Gritos de pánico y terror cuando algo... No puedo creerlo. Mi cigarrillo. Podría ser cualquier otro pero siento que es el que yo le di,... Lo sacó ante todos y lo rompió. El relleno se esparció en el aire cayendo sobre el agua. Caos. Gritos. Gente corriendo, cascos de caballos y el rugido de la policía acercándose. No entiendo nada. Alguien, esta vez sí lo veo, un amigo, tira de mi brazo arrastrándome calle abajo. Sus palabras parecen ser más fuertes que todo el bullicio, pero al oírlas siento que no son más que un susurro. Veo a la gente estremecerse, taparse los oidos mientras huyen pero él no se mueve de su posición. Quiero volver a él pero me arrastran... me arrastran...

¿Quién es? Camino por las calles vacías, abrazándome el pecho, repitiendome esa pregunta confusa, muy confusa, como cada vez que nos vimos. Estoy descalza, con un bañador negro y una camiseta blanca larga. La huida me impidió coger nada. A mi lado, mi amigo no para de recriminarme el haberme quedado atrás, el haber querido volver. ¿Por qué parece que todos lo conocen? Me siento estúpida pero dejo de prestarle atención. Solo tengo en mente su rostro, su imponente imagen, su cicatriz y el recuerdo de sus ojos verdes mientras tiemblo caminando calle abajo.

¿Quién es? Alguien dice mi nombre. No, alguien no. Él. Me detengo. Dejé de temblar. Mi amigo sigue caminando. Él no oyó nada pero yo sí. Podría reconocer esa voz en cualquier sitio. Miro a mi alrededor pero la calle está vacía. No, vacía no. Estamos mi amigo y yo. Y sé que está él en algún lado. Mi interior tiembla ante la idea de que así sea. Lo busco frenética y mi amigo por fin se percata de que ya no lo acompaño pero me da igual porque continúo buscándo. Quizá me lo imaginé. No, no lo hice. Lo escuché. Voy a dar un paso y vuelvo a oirlo. Sonrío ampliamente con la mirada perdida, ignorando la voz de mi amigo que me pide que continúe. Busco por todos lados pero en la calle solo estamos nosotros dos. Entonces siento algo a mi derecha y me giro poco a poco. La entrada a un sótano, un bar subterráneo. La puerta negra deja ver por los cristales una luz rojiza procedente del interior. ¿Ahí? Es el único sitio en el que parece que haya alguien más.

Tiran de mi brazo y hacen que me aleje un par de pasos pero mis ojos estan clavados en esa puerta. Me alejo aun cuando intento resistirme. La puerta se abre y mi interior se encoge por la expectativa. Ahí está. Vestido como por la mañana pero sin las gafas. Vuelvo a caer presa de esos ojos verdes que me contemplan amables. ¿Amables? No pero tampoco crueles. No sabría definir la expresión que veo en ellos porque haga lo que haga, busque lo que busque, veo un gesto diferente en ellos. Pero me mira. Pasa lo mismo con su rostro: es relajado pero me parece verlo serio, divertido, enfadado, seductor. Veo mil expresiones en una cara que me tiene cautivada. Lo contemplaría durante horas siempre buscando otra más. Mi amigo tira de mi pero ya no puedo moverme. Estoy firme en el suelo mirandolo. Ya no me importa estar confusa o no solo que está ante mí. Entonces, extiende una mano llamándome. Quiere que vaya a su lado. Mi amigo intenta tirar pero con un movimiento seco me libero y camino hacia Él. Con una sonrisa en los labios, tomo su mano y siento como si una corriente eléctrica me recorriese. Mi corazón se desboca, mi piel arde con su contacto y mis ojos están anclados a los suyos. Solo me suelta un momento para ponerme una de sus chaquetas encima aunque no la necesito. Ya no, a su lado dejé de temblar de frío, solo es de emoción.

Sonrió. O me pareció ver en sus mil expresiones una sonrisa. Su mano se situó en mi espalda y me llevó escalera abajo. En la distancia o solo a unos pasos, me pareció oír los gritos de mi amigo, llamándome, rogándome, suplicándome que volviese, que no me fuese con,... ¿Con quién? ¿Quién es? Ahora soy yo la que sonríe, perdida en sus ojos, segura en sus manos, completa en su esencia. Ya sé quién es. Y no me importa. En lo absoluto.

La puerta se cierra tras nosotros.»


Espero que les haya gustado la historia de hoy. Esperemos que esta tarde y si no mañana más y mejor. ¡Saludos!

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