domingo, 12 de junio de 2016

Tales of Pain II

Feliz domingo a todo el mundo.

En esta tarde de cielos grises en todas sus tonalidades voy a intentar llegar a sus corazones con otro maravilloso relato de Tales of Pain. ¡Sí, meine damen und herren, mesdames et monsieurs, ladies and gentlemen!

Sin más preámbulos, procedo *profunda reverencia y a escribir*


Silencio


«Al principio era una maravilla. Recuerdo cómo era, algo absolutamente placentero. Podía dormir y dormir durante horas sin que nadie me interrumpiese. Podía descansar en un sueño pacífico sin que hubiera nada que lo trastornase, nada que lo convirtiera todo en una maldición por la que quisiera despertar. Podía recordar el paso del tiempo por lo que sí, era idílico. Una utopía.

Los días pasaron y fue sencillo contarlos pues el tiempo se marcaba por la claridad aunque en ocasiones las horas de sueño pudieran confundirlas. Podrían haber sido tres semanas, quizá alguna menos.

Después de aquel período llegó la molestia. Ya no dormía tan bien. Era evidente que había descansado más de lo normal, así que era lógico pensar que la falta de sueño no era debido a un insomnio incordiante sino a un período prolongado de reposo que tarde o temprano pasaría factura. Como se sabe, al final se tiene demasiada energía. Comencé a gastar mis horas yendo de un sitio al otro, limitándome a pasear por la habitación. Descubrí la cantidad de huecos que había en la pared, la textura de la misma y del suelo. Era propio del aburrimiento. ¡Insomnio por aburrimiento!


Pero cuando el tedio me sobrepasó y el sueño continuaba sin regresar, empecé a hablar solo. No fue de un día para el otro, como es obvio. Primero pensaba y tanto tiempo en continuo monólogo interior llevó a sus efectos secundarios. Las voces en mi cabeza se multiplicaban como un virus, hasta que llevó LA voz replicante. Conciencia, la llamé.

No fue suficiente. No bastaba. Comenzaron a venir las otras: voces de recuerdos, de amigos, familiares, sueños e incluso enemigos, voces que no había escuchado nunca. Todas estaban allí, hablando a todas horas. Dormir, cuando lo hacía, ya no era el reposo idílico que fue. Empecé a aborrecer dormir, igual que despreciaba estar despierto cuando estaban las voces. Así que para callarlas hablaba en voz alta.

Si ellas estaban fuera de la cabeza, dentro se estaba más calmado. ¡Qué maravilla! Incluso me di cuenta de que estaba modulando la voz para ponerle una personalidad a cada una. Eso me hacía reír, sobre todo cuando empecé a ponerles acentos de países o intentaba hablar en otros idiomas. Eso me mantenía entretenido hasta que llegaba el sueño y con él las náuseas. Otra vez dormir no.

Cuando llegó la primera imagen ya había perdido la noción del tiempo. Fue como un suspiro pero luego se hicieron habituales. Acabé llamándolos amigos, compañeros, hermanos,... Estaban allí a todas horas, riendo o discutiendo,... pero estaban allí y me entretenían cuando no dormía. Una de ellas fue una mujer de voz de ángel que me cantó una nana para que durmiera. Jamás volvió a aparecer, es porque la espero,...

Las voces, las visiones, las conversaciones y la vigilia se entremezclaban. Ya ni sabía cuando es día o noche. Sólo pasaba el tiempo, angustiosos segundos convertidos en semanas que nadie se molestaba en aclararme y así jornada tras jornada. Hasta que todos desaparecieron. Ese día pensé que enloquecía, quizá lo hice hace mucho. ¿Y mis amigos? ¿Las voces? Se habían ido.

Escuché torrentes de agua pero no había ningún río cerca de donde estaba. ¿Me lo imaginaba? Tardé en darme cuenta que era mi propia sangre. Y mi corazón... Lo sentía todo en mi interior, era consciente de mi respiración y cada latido resonaba como si fuera una cruel campanada retumbante. ¡Hubiera detenido mi corazón si con eso se hubiera callado! Estaba desesperado, cualquier cosa con tal de dejar de oirlo.

Y lo oigo, cada minuto, cada hora... Mi corazón latiendo, mis pulmones como fuelles, el aire entrando y saliendo, las venas,... mientras suplico a las voces que vuelvan, solo tengo un grito en mi cabeza.


¡Que alguien detenga este angustioso silencio!»


Espero que les haya gustado. Mañana más y mejor. ¡Saludos!

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho el relato, Magali. Una auténtica aventura a raíz de la observación de las paredes y la demencia proveniente del insomnio. Fantástico. ¡Creo que también está escrito con mucho gusto (aunque se te ha colado un no acento en reír) y se lee muy suelto.

    Me pasaré más de una vez por aquí. Un gusto!

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    1. Me alegro muchísimo de que te haya gustado el relato, Rafa. Será un placer tenerte por aquí.

      Gracias por el aviso de ese no acento, le echaré un vistazo para corregirlo.

      ¡Saludos!

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