domingo, 30 de octubre de 2016

El Parásito (III) - Aparición

¡Feliz Domingo!

Estamos a nada, Halloween se me echa encima y tengo que terminar de subir el relato que tiene que tenerlos a todos temblando (o al menos, esa es mi intención). Vamos con el terror, con el miedo... y con Él.

Previously:


El Parásito

Aparición


«Él era un susurro, un pensamiento incorrecto. Un ansia que nunca debía tener pero que siempre estaba allí. Un "y si..."

Me estoy adelantando a los hechos... No, no lo hago. En realidad, es confusa esta parte. Todo lo que se refiere a su inicio. ¿Cómo marcar el comienzo de algo que siempre estuvo allí? Supongo que a eso se referirán en la Iglesia cuando hablan de Dios como que existió siempre, incluso cuando no había nada. Mi "nada" era la ignorancia de su existencia y pasé a saber que estaba allí...

— Si, ya... Déjame respirar.

Religión.

Creo que es lo que más he usado para referirme a Él. Lo he llamado Mesías, mi Alfa y Omega, ahora incluso digo que es como Dios. Creo que mi demonio particular sería hacerle más justicia.

— No digo más que la verdad.

Por lo tanto, si quiero que me comprendáis (quien quiera que lea esto...), tengo que organizar mis pensamientos. El inicio o punto de partida será el día de su aparición. Bueno, la noche de su Aparición. Dado este toque religioso, lo anterior será A.A. (Antes de la aparición) y lo posterior D.A. (Después de la Aparición).

Tomaré aire para calmar el pulso. Me vibran las yemas de los dedos sobre las teclas. Cuando despierto cada mañana y me ven con mis profundas ojeras y mi rostro cansado repito que ha sido una pesadilla. La mayoría de las veces la cuento pero el día A no me lo ha permitido. Un mero encogimiento de hombros y una sonrisa que resta importancia.

No obstante las imágenes se repetían una y otra vez en mi mente. Era tal la claridad que por momentos pensaba que aparecería.

La pesadilla. Lo sé, no puedo retrasarlo.

Como cada noche, como todas las pesadillas, como todos los sueños, comienzan con un ambiente confuso. Los sueños son así. Lugares que alternan el día con la noche y no sabes distinguir en qué momento te encuentras. De repente estás en una calle de la infancia como en la que cruzas todas las mañanas para ir al instituto. El mundo se confunde y fusiona, se mezcla a tu gusto.

Cuando vives durante años con pesadillas desarrollas cierta habilidad para manipularlas, para ser consciente de que éstas no son reales. Si es demasiado terrible, puedes recordarte que está en tus posibilidades huir. En las peores te puedes recordar que no es real (esto requiere mucho, MUCHO, trabajo) y despertar.

Pero las calles se torcían y el día pasó a ser un cielo negro violáceo con aires de tormenta. Me encontraba atrapada. Asfixiada en el mundo exterior y busqué guarecerme en un lugar seguro. Casa. Un refugio. Entonces estaba con mi familia en un lugar que despedía olor a película de terror.
Si, sé cómo suena pero los sueños son ilógicos y atentan contra todos los sentidos.

Las maderas crujían, el viento movía la casa y todo apestaba a cenizas, humedad y podredumbre. El pecho me dolía, la boca tenía un regusto a sangre. Tenía que huir pero no podía dejar atrás a mi familia. Eso jamás. No, eso no es una posibilidad.

— Voy a encender las luces.

— Llévate la linterna.

Actos de valentía, controlo la pesadilla. Puedo hacerlo. La única forma de huir es un hueco minúsculo como la entrada a una chimenea pero que hace un corredor. ¿Qué sentido tiene? Eso lleva a un cuarto y allí podré dar luz a la casa. Domina el sueño, somételo, respira.

Al entrar al hueco a cuatro patas la oscuridad me abraza por completo y una mano se posa sobre mi hombro. Me giro dando un grito, pierdo el peso y caigo sobre mi espalda. Ilumino una vez con la linterna un rostro que detiene mi corazón.

"No es real", pienso sin dudarlo.

Noto como me arrancan la linterna y aquella criatura, Él, se ilumina el rostro para que lo vea mientras me mira a los ojos.

"Mírame, soy real."
Se sujetaba del hueco del techo y me observaba del revés. Su cuerpo parecía esquelético de tan delgado que era pero sus huesos estaban cubiertos por una carne fibrosa. No parecía débil en absoluto. Sus extremidades eran largas, excesivamente largas: brazos, piernas, pies, manos, dedos. Hasta las uñas en forma de garras. Se asemejaba a un insecto gigante y pálido pero no blanco; quizá de tez morena pero como si hubiese perdido el color por haber pasado años a la sombra sin ver el sol.

Y su rostro...

Una máscara afilada, una sonrisa enorme y monstruosa en una boca gigantesca llena de dientes como puñales. Sus ojos eran lo peor. ¡Ojalá fueran dos pozos de oscuridad! Eran dos círculos blancos delineados con la más repulsiva oscuridad. Intensos, luminosos, casi perfectos, temibles... Aunque no hubiera nada, ni pupila ni iris, sabía que me observaban y me devoraban, de igual manera que su boca de labios descarnados se reía de mí. Su voz era profunda, ronca, cavernosa como si procediese de los rincones más recónditos de la mente.

"¿Puedes verme bien ahora o tengo que sujetarla más?"
La linterna se apagó y yo desperté de un salto.

Con la respiración agitada y mientras intentaba tranquilizarme, pensando que todo había sido un sueño, algo me arrancó de la calma.

"Mírame bien y recuérdame."»


Espero que les haya gustado. En breves volveré con más y mejor (o peor, hablamos de terror muahahaha). Nos leemos en breves, queridos míos. Disfruten mientras puedan y que tengan dulces sueños

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