domingo, 13 de noviembre de 2016

El Parásito (VII) - La Tormenta / Parte 2 (D.A.)

¡Muy feliz domingo!

Faltan solo 4 días para El Gran Día y una servidora está feliz, nerviosa y al borde de un ataque de nervios xD. Por eso hoy, para relajar un poco, les traigo más de nuestro buen amigo Él. Queda menos para el desenlace. ¡No se lo pierdan!

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El Parásito

La Tormenta / Parte 2 


«Bajé la mirada y vi mis manos cubiertas de rojo por los faros traseros, empapadas por la lluvia y el barro. El hormigueo se volvía persistente, intenso, casi doloroso. Como astillas que solo se calmaban cuando presionaba con fuerza el cuchillo contra la palma.

"Te mueres por hacerlo."

No.

"Sentir una nueva experiencia..."

Los latidos se aceleraban más en mi pecho, en mi garganta, en mi mano, en mi intimidad. Todo mi cuerpo latía desbocado, desenfrenado en una mezcla de terror e impío deseo. No era lo que quería pero sus palabras eran como Él. Una semilla que germinaba y crecía; cuanto más susurraba, más se asentaba en mi interior.

"Ninguno te presta atención. Es un único movimiento..."

Mi brazo se movió solo.

Rápido, fuerte y corto. El cuchillo se clavó en el aire y todo mi cuerpo tembló en un entusiasmo desproporcionado. ¡Perdía el dominio de mi misma! Era como ser expulsada de mi ser. Intentaba mantenerme quieta, era lo único que garantizaba la seguridad de mis amigos pero Él buscaba moverse.

Peor. Moverme.

"Tú quieres moverte también. Quieres cortarlos..."

— Das miedo — mi amiga se acercó con una sonrisa, empapada de pies a cabeza.

"...rasgarlos..."

— Entre la capucha, el cuchillo y el coche parece que nos vas a matar a todos — rió y yo intenté sonreir.

"...clavar el filo del metal en sus pieles..."

— Ey,... ¿Estás bien? Te veo seria.

"...sentir el calor de su sangre..."

Asentí y sonreí más.

"...saborearla..."

Me pasé la lengua por los labios.

— Es el frío. ¿Y tú qué?

"...debe ser excitante... Cuerpos calientes, temblando y gritando, como un orgasmo pero de dolor y sangre..."

— No siento los dedos, tía. Debo tener las uñas azules.

Me costaba respirar.

— ¿No es mejor volver a la casa? Podemos quitarlo mañana. Nadie nos lo va a robar.

"Es hermosa. Perfecta para cortar. Destrozarla una y otra vez con el metal, besar cada rincón de su desgarrada carne, hundirse y beber su sangre en un clímax..."

Aparté la mirada, avergonzada de las palabras de Él.

" ¡BASTA!", le grité y rió como toda respuesta.

"Cuidado, vas a hacerte daño."

No era consciente de que me estaba clavando las uñas hasta casi hacerme sangre. Por suerte mi amiga no se dio cuenta de nada. Le dediqué una sonrisa.

— Un estornudo fallido. Vamos a convencerlos para volver.

Fue un respiro volver a la casa. Dejar a un lado la ropa empapada, el barro, la lluvia y sobretodo el cuchillo. Con la luz, el calor y las risas que poco a poco se colaron en el ambiente a pesar del coche embarrado, creí que podría descansar, que alejaría los pensamientos y los sonidos. Fui una ilusa. Él tenía razón. Me conoce mejor de lo que yo lo hago y he mentido a todos, incluso a mí misma.

Tras una ducha caliente, una buena cena y algo de alcohol, el reloj se movió deprisa para decirnos ya entrada la noche que era momento de dormir. La lluvia no daba tregua y el viento tampoco, todo era oscuridad. Envuelta en mi bata dejé que los vientos me golpeasen y por un instante me sentí liberada como si fuera a volar lejos de allí.

Volví a la tierra, a la realidad y a la habitación. Allí me metí en la cama y... dejé de ser yo. Entré en sus dominios como quien cuelga las llaves de su casa con un moño de regalo y una nota que pone: "Al ladrón que quiera pasar, no estaré en tres días".

"No les mientas."

No lo hago.

Caí en el más profundo de los sueños aunque me costó identificarlo como tal. Sentía que miles de arañas correteaban por mi cuerpo, se enredaban por mis cabellos y mi piel, entrando bajo mis sábanas, por mi ropa con sus pequeñas patitas. Al despertar creía que continuaba en la pesadilla. La realidad y la ilusión habían borrado sus barreras y el tiempo ya no existía, se convirtió en algo sin importancia. Con sigilo volví a la cocina y cogí el cuchillo. Él me hizo matarlos.

"Que insulto a tu sinceridad resumirlo así. Narra lo que veías. Diles cómo te moviste. Cuéntales los detalles más escabrosos."

Ya os he narrado lo importante. ¡Los maté! Lo hice. Soy... soy un maldito monstruo y es todo por su culpa.

"Hazlo. O lo haré yo."»

Los dejo por hoy con esta nueva parte del relato. Nos vemos pronto con más y mejor. Un beso, ¡saludos!

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