domingo, 20 de noviembre de 2016

El parásito (VIII) - La auténtica tormenta

¡Continuamos con estas entregas de domingo!

Como bien digo, hay que ponerse al día con todo. Lo primero es terminar con la historia de nuestro querido amigo Él. No quiero dejar a nadie con la intriga, por lo que hoy les pongo esta parte y mañana ya verán el desenlace.

Previously:


El Parásito

La auténtica tormenta


«Me fui a dormir y tuve pesadillas. Pensé que el oír el viento y la noche tormentosa me haría descansar. Siempre que hay tormenta mi sueño es más tranquilo, como si el tronar y el azote de las gotas contra los cristales se convirtieran en mi arrullo. Soñé con arañas.

"Muy lenta se metió en la cama y la primera cayó sobre su rostro. Le hizo cosquillas y la apartó. La segunda bajó sobre su cuello e intentó hacer lo mismo pero fue imposible cuando aumentaron. Tres, cuatro, diez, mil. Millones de diminutas patas tocando su piel, llenando el silencio de la habitación con el chasquido de sus pinzas y su correteo. Giró y giró pero hacia donde lo hiciese, ellas estaban allí."

Me desperté sin darme cuenta y salí de la habitación. Estaba demasiado dormida y necesitaba respirar. No era consciente de mi entorno.

"Abrió los ojos y giró hasta caer al suelo en cuatro patas como un gato. En silencio y con agilidad. Muy despacio se puso en pie. No le importó el frío que tanto ha mencionado. Descalza y encorvada fue hasta la puerta, esquivando los muebles y corrió el pestillo para ir al exterior."

Fui hasta la cocina. Estaba confusa, no sabía lo que hacía. Pensaba que era una pesadilla y que estaba rodeada de monstruos.

"Mentirosa..."

¡No miento!

Creía que estaba rodeada de monstruos que me aterrorizaban. Me hiciste ver lo que no había. Como las arañas. Envenenaste mi mente, mis ojos, mi cuerpo. ¡Esto es culpa tuya! ¡Deja de reírte!

"Sin que su paso dudase, entró en la cocina y cogió el cuchillo que habían utilizado antes. Sonrió al notar su mano llena de barro de nuevo, todo su cuerpo se estremeció y muy despacio caminó hacia las habitaciones. No como una persona torpe y sonámbula. Como un depredador que se mueve entre las sombras y conoce cuál es el paso que debe dar. Oyó sus respiraciones y cerró los ojos con el placer de la anticipación."

¡Fuiste tú! Yo no hice eso. Eran mis amigos. Yo... Yo nunca hubiera hecho eso.

"Pero lo hiciste."

Entré y los maté. Primero al que dormía solo, luego a los otros dos. Era por proximidad a las puertas. No había más motivos.

"Caminó hasta su cama y esperó que se girase. Cuando estuvo mirando hacia arriba no dudó en clavar el cuchillo con todas sus fuerzas en la garganta. Hasta la empuñadura. Hasta se le escapó un pequeño jadeo de sorpresa cuando la empapó con su sangre. Sabías que cortar la yugular puede tener esa potencia pero sentirla en toda la cara fue bastante pornográfico."

Eres un cerdo.

"No fue suficiente. Se quedó mirando cómo se apagaban sus ojos confusos. ¡Cuánto dolor y miedo antes de morir! Y sin poder gritar porque tenía un cuchillo en toda la garganta atravesada."

Me fui de allí y acabé con los otros. Me hizo matarlos. Primero a él y luego a ella. Es todo lo que tengo para contar. ¡No hay más!

"Luego vinieron los enamorados. A él lo mató rápido. Es más fuerte. Oh, perdonadme, no soy tan bueno ni tan dramático con las palabras como ella. ERA tan más fuerte por lo que le clavó el cuchillo en la nuca, en los riñones, en la columna. Cualquiera hubiera dicho que tenías algo personal."

Basta...

"Dejó de ser una persona. Rió como un animal disfrutó cuando saltó sobre su amiga del alma que gritaba confusa pero ¿qué es la fuerza del entrenamiento contra la de la locura? Di que fui yo pero el cuerpo es el tuyo. La apuñalaste una y otra, y otra vez. Te bañaste en su sangre..."

— ¡BASTA! ¡BASTA, BASTA, BASTA!

"...y la saboreaste. Estuviste inmóvil sintiendo como sus cuerpos perdían el calor y entonces, solo entonces despertaste de tus emociones porque tu cuerpo dejó de estremecerse. Ya no veías ese mundo rojo y negro, esos seres crueles y monstruos de ojos blancos que retozaban, fornicando como monstruos de colmillos y garras sin sentido. Ya no oías sus gruñidos y sus voces, sus susurros. Mientras los apuñalabas y bebías su sangre ya no sentías miedo, ni frío. Disfrutaste con cada cuchillada en la carne, gritaste y te sentiste libre. Hubo placer."

Es todo tu culpa... No soy así.

"Ahora lo eres."

Llamé a la policía... Ellos vinieron a buscarnos y a ayudarnos.

"Fingiste ser atacada. Una víctima más."

Me llevaron al hospital y a comisaría. Fue horrible.

"Pero mentiste como si hubieras nacido para ello. Tus heridas te respaldaban. Todas ellas. Sobreviviste de milagro. ¿Quién lo hubiera dicho? Tu desesperación fue tan real que no hubo lugar a dudas."

La pesadilla no acaba. Me tienen en constante observación por su culpa. Piensan que estoy loca. ¡No es verdad! Me llaman asesina y lo soy pero si ahora les dijera quién los mató...

"Te encerrarían."

Sí...


"Se te acaban las salidas. Solo debes escucharme y todo saldrá bien."»

Mañana termina la historia, podremos ver como concluye todo. Espero que les haya gustado. ¡Besos!

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